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Cinderella 2.0

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CINDERELLA 2.028 de abril de 2016
Me han despertado los chillidos de los vencejos. 

Por fin. 

Por fin. 

Por fin he abierto los ojos con la certeza de que si mi hermanastra tiene una inundación, yo no estoy obligada a achicar su agua.

La leche de mi desayuno se convierte en humo y vuela por la cocina. Abro la ventana. El sol me ilumina. Se me calienta la sangre al pensar que si mi hermanastra vive al aire y libre es porque yo estoy encarcelada entre sombras y cenizas.

Miro resentida los pájaros presos que habitan una jaula en el balcón de enfrente.

Miro resentida el avellano sin flores, sin hojas, sin magia, sin vida, sin el menor encantamiento.

Miro resentida las trampas para ratones repartidas por las esquinas del patio.

Miro resentida, sobre la encimera, la calabaza que he de convertir yo sola en puré.

Colorín colorado: para que mi hermanastra viva no voy a seguir muriendo yo.

Ha llegado la guerra. Ha estallado la Primavera.

Todavía guardo un zapato de tacón y cristal en el fondo…

La menguante luz de un cuarto de luna

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La menguante luz de un cuarto de luna
La nevera sin cena me obliga a salir esta noche. Y no quiero. Esta noche no. Maldita nevera. Maldita cocina. Maldito mi caos doméstico salvaje.

No hay remedio. Respiro profundo y me pongo el bolso a lo bandolera. Sin más preparativo ni defensa abro la puerta.

Me adentro en esta noche que huele a bosque bajo un cuarto de luz de luna que mengua entre los árboles de la plazuela.

No hago caso a la hojarasca en lo alto balanceándose.

No hago caso a los rayos menguantes zambulléndose en el gorgoteo de la fuente.

No hago caso.

Entro en el veinticuatro horas, rebusco entre los estantes, hago una cola breve, el cajero me tiende las bolsas y me da las buenas noches.

También yo se las doy.

Aunque no son buenas.

Las noches de cuarto de luna no tienen gota de bondad. Todo es fuga.

Sin remedio echo a andar por una vieja avenida que ya no existe. El kilo de naranjas, el litro de leche y toda la realidad de la avenida verdadera me dejan de pesar.

Un aire repentino y ant…