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Una tarde que me caí, Raimon me salvó la vida

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UNA TARDE QUE ME CAÍ, RAIMON ME SALVÓ LA VIDA Las previsiones meteorológicas avisaban tormenta. Por eso el estallido del primer trueno a nadie sorprendió. Lo que ocurrió a continuación sin embargo no estaba en los pronósticos.
Cayó una lluvia extraña. Tan liviana que parecía no mojar. Tan menuda que nadie acertaba a verla bajo el cielo encapotado. Pero fue infiltrándose en el terreno, en el río, en el aire, en la luz.
Cuando los truenos y los relámpagos se apagaron, cuando por fin se deshicieron las nubes, la ciudad entera continuó oscura. No le di importancia. Nadie se la dio. Llega el día en que todas las ciudades se oscurecen. Hay que aceptarlo.



En cuanto escampó, me armé de optimismo, me puse la minifalda nueva, cogí el portátil y me fui entre penumbras a mis clases de Ingeniería Aeroespacial.
 Allí mismo, en la Facultad, antes de terminar la última hora, recibí el primer mensaje de alerta.
"Ve con cuidado. El suelo rezuma agua de tormenta. Los caminos están reblandecidos. L…

El día que se rompió el planeta

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EL DÍA QUE SE ROMPIÓ EL PLANETA

El día que el planeta se partió en dos yo estaba en el pasillo de lácteos del supermercado. El suelo tembló}. De la estantería frigorífica brotó una cascada de yogures. Me quedé petrificada mirando los quesos semicurados, como si pudieran explicar qué sucedía.
Una parte del planeta acababa de salir disparada hacia el espacio exterior. Ese día la Tierra perdió para siempre un cuarto de sí misma. 
Dicen los astrónomos más sabios que aquel día un meteoro colosal impactó contra nosotros. Ningún telescopio lo vio venir. La deflagración fue inmensa. Tardaron meses en apagar los incendios. 
Mi calle desapareció casi entera. Ahora vivo en el mismo segundo sin ascensor pero con vistas al final del mundo. 
Ya no está enfrente el edificio de ladrillo rojo, donde vivía aquel chico corpulento que hacía ejercicio en una cinta de correr. Nunca me atreví a saludarle. 
Ya no está el balcón tapizado de madreselvas, que tanto cuidaba aquella anciana vestida casi siempre …

NO

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NO

Llegaron con los eucaliptos. Nadie sabe bien de dónde. Pero llegaron cuando los eucaliptos. Ahora los monstruos infestan el bosque. Nuestro bosque. Antes frondoso y bonito.
—Aquí Mara. Mara a Base. Hemos perdido a Roque. Repito. Hemos perdido a Roque.

—Aquí Base. Recibido.
Mara camina como puede, por un claro del bosque, tratando de sortear el desánimo y las irregularidades de un terreno pedregoso y muy seco. Se le escapa un sollozo al tiempo que tropieza con la raíz muerta de un alcornoque desaparecido. Mara no llega a caer, pero al equilibrarse roza el pulsador del walkie-talkie y el sollozo se cuela por el micrófono. Llega íntegro al receptor Base.
Transcurren unos segundos de silencio desconcertado e interferencias vacilantes.
—Todo saldrá bien, Mara. Cambio.
No es verdad. Mara lo sabe. Casi nada sale bien. La vida es siempre difícil, y desde hace un tiempo todavía más. Pero esa afirmación, hecha a varios kilómetros de distancia, reducida a impulsos eléctricos por la emisora Ba…

La grieta

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LA GRIETA
Hace doce meses una grieta partió por la mitad el jardín. La tierra se abrió en dos y emergió de la nada una sima profunda . Han venido a verla dos geólogas, una directora de documentales, un topógrafo, una ingeniera técnica y un espiritista. Nadie me ha dado una explicación. 
Parece surgir bajo el porche. Una fisura leve que se agrava dos metros después. Avanza con dirección noreste matando la vegetación que encuentra en el camino. El tilo que plantó mi padre, las aromáticas que regaba Lili, las hortalizas que cultivábamos Enrique y yo. 
En lo único que coinciden las geólogas, la directora de documentales, el topógrafo, la ingeniera técnica y el espiritista es la importancia de vigilar la brecha.
Lo he intentado. 
De verdad que lo he intentado. 
He caminado muchas veces hasta el tilo muerto. Me he asomado a la orilla izquierda de la grieta. Sale de allí una oscuridad tan densa que deja residuos pegajosos en las manos, en la cara, en el pelo, en lo que sea que haya expuesto…

Estamos en huelga feminista

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BOOM
Yo estaba en la cocina. De espaldas a todo. Blandía la batidora contra un puñado de verduras, decidida a hacerlas puré.
Cinco minutos antes había sonado el móvil. Había escuchado los mensajes con serenidad y silencio. Ha debido de ser en el minuto seis o el siete, cuando he comprendido que mi vida entera estaba saltando en pedazos.
La explosión ha sido tan gigantesca que ha dejado mi casa al aire, y el aire vacío de ruidos.

Me he quedado sin paredes, sin palabras, con un pasado bastante imperfecto que ahora veo plagado de equivocaciones, un futuro demasiado condicional y el presente roto y sin indicativos.

Estoy helada. No sé qué hacer.
Presiono el botón de la batidora. Sigo cocinando, como si aún tuviera paredes y palabras, como si el aire no estuviera vacío y tan helado.
Nana entra en la cocina.

Me dice algo que no se sostiene en el aire. No consigo descifrarlo.

Sonrío para tranquilizarla.
No entiendo cómo ha ocurrido. No entiendo por qué ha ocurrido. Pero tomo una decisi…
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EN EL AIRE
Ha caído la noche sobre este día terrible. Entran por la ventana un rumor de árboles, el incansable canto de un grillo y el chapotear de la fuente en la plaza.
Para dejar de estar sola enciendo la radio.
Descubro que soy de esos que en la oscuridad de un insomnio telefonean a programas para radiodifundir sus zozobras. 
Acabo de contarlo todo. En directo y sin titubear. Todo. 
Tristán y Elsa, dos desconocidos que hoy tampoco duermen bien, entran en antena para animarme.
Son las cuatro de la madrugada, las tres en canarias. Los pitidos de la señal horaria resuenan acogedores.
Bostezo. 
Sí. Bostezo. 
Por fin bostezo. 
Al fin este día terrible va a rendirse a los sueños.


©Laura Rivas Arranz Fotografía: LubosHouska (pixabay.com)
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Estrellarse

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ESTRELLARSE
Caer no es un accidente. Es un acontecimiento inevitable que antes o después ocurre a todos. Nos lo repiten siempre los monitores de caída libre. Me matriculé porque debo aprender a caer.
Lo más importante es proteger la cabeza, y rodar para no romperse en dos con el impacto.
Lo recito obsesivamente ahora que estoy cayendo. Ahora que voy a estrellarme contra el fondo, porque la gravedad a mi alrededor es insostenible.
Ahora que mi caída se ha vuelto innegable y vertiginosa, no estoy segura de saber proteger la cabeza sin perderla.
No quiero perder la cabeza. La cabeza no.
Allí abajo, en lo hondo, entre el dolor, la oscuridad, la confusión y el desasosiego, dudo si seré capaz de rodar sin resistencia con calma y valor.
Miro a mi alrededor, como si fuera posible sujetarme a algún saliente y detener el descenso. Quedaría suspendida automáticamente si esto fuera un examen. No lo es. Caigo. De verdad caigo.Y no debo desproteger la cabeza intentando asirme a cosas que no existen.
Negro.…

La nube

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LA NUBE
Hace ocho días tomé la decisión de salvar nuestros moribundos vídeos VHS. Hoy he ido a buscar el resultado a la tienda de fotografía. Los vídeos familiares caben ahora en una memoria USB. Y sobra espacio. La ventaja es que puedo subirnos a todos a una nube para que nunca desaparezcamos. 
Ahora mismo, en la pantalla del ordenador, está mi madre charlando. Sonríe mirando al cámara. Le devuelvo la sonrisa. En esos planos todavía sabe cómo hacer una tortilla y quién soy. 
De fondo se oye la voz de mi padre muerto. Maldito testarudo que apenas sales en los vídeos. No escaparás. A ver si crees que vas a poder irte del todo. 
Mi hermano consigue meterlo en plano. 
No sabemos nada de mi hermano desde hace más de un año. Siempre fue así. Centrado en él mismo, desentendiéndose de todo. Egoísta.
La cámara se mueve ahora tan bruscamente que marea. La hemos cogido mi hermana gemela y yo. Estamos disfrazadas de zombis y acabamos de cumplir diez años. Nos quitan la cámara. Las niñas zombi me…

Valentina está decidida a matarse

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VALENTINA ESTÁ DECIDIDA A MATARSE
El reloj de la catedral da las ocho de la tarde. Valentina cierra los ojos como si pudiera amortiguar de ese modo el estruendo de las campanas. Tan cerca está de ellas que podría rozarlas con sólo salir del escondrijo y caminar dos pasos.
El vigilante acaba de subir a comprobar que en lo alto de la torre no queda ya nadie. No ha visto a Valentina. Está encogida, detrás de una gárgola con cuerpo de pájaro, cabeza humana y la boca muy abierta en torno a un grito mudo, tenebroso e inmenso.
Valentina sabe mucho también de gritos silenciosos y de sufrimientos como piedra.
Está decidida a matarse.
Cuando todo esté en calma, saltará de la torre. Todos los sufrimientos y todos los gritos se harán por fin pedazos. Qué gran descanso.
Veinte horas y cuarenta y cinco minutos por su reloj de pulsera.

Se incorpora y camina hacia la balaustrada de piedra.
Lejos, casi al ras del río, el sol inunda la tarde en resplandores amarillos y naranjas. Se van rosan…

Apocalipsis zombi

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Apocalipsis zombi
Limpiar la habitación propia entraña peligros tan grandes, que solo los más valientes guerreros se atreven a dar un paso al frente y a adentrarse en la zona armados de aspirador, fregona y plumero.

Cuando los ácaros anidan en los recuerdos, les confieren un peligroso aspecto inofensivo. Esto yo no lo sabía. Lo he comprendido ahora, cuando he desempolvado una vieja novela negra de juventud, y he caído en la emboscada de abrirla.
A unos tres párrafos del comienzo me he detenido a echar cuentas: habrán pasado veinte años desde la última vez que toqué este libro. Qué poco imaginaba yo entonces, cuando lo guardara aquí, que antes de que volviera a hojearlo iban a pasar veinte años y a desencadenarse un fin del mundo que aún no logro asumir.
Ahora que todo ha cambiado; ahora que los monstruos existen; ahora que sobran razones para aceptar que la mutación medio zombi de un virus acabará arrasándome la vida; ahora que “casa” es lo mismo que “al raso”; ahora que no estoy a s…

Robo en la biblioteca

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Robo en la biblioteca El 2 de septiembre de 1984, alrededor de las 23:35, los vecinos de la calle Libreros escucharon un estruendo tan grande como una bomba, tan vibrante como un seísmo, tan aterrador como una muerte. La casa abandonada del número 13 se había venido abajo. No hubo que lamentar más desgracias personales que el susto inicial. Sobre el derrumbamiento fueron cayendo los años, sin más obra que la construcción de un muro para encerrar a la casa desmoronada. Donde la calle Impresores corta con la de Libreros, la construcción del muro es tan incorrecta que las grietas han degenerado en boquete, por el que cualquier niña intrépida puede colarse sin problemas. Morgan lo sabe bien. Hay que meter primero una pierna, luego la cabeza y el resto es fácil. Apenas hay que andar quince pasos, para que la suela de sus zapatos de charol repiqueteen sobre lo que fue el piso de la biblioteca. La casa ha sido saqueada tantas veces, que lo único que quedan son libros… Los libros que t…

Alien in love

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ALIEN IN LOVE
DATO NÚMERO 1 La Fundación sin ánimo de lucro de Investigaciones Parapsicológicas tiene su sede muy cerca de mi casa, donde la avenida de los Novios cruza la calle Oscura.

DATO NÚMERO 2 Hace aproximadamente un mes, entró por mi ventana una octavilla envuelta en ráfagas de viento de Poniente. Era una alerta a la población en letras muy negras, mayúsculas y sombrías:

El planeta tierra está infestado de alienígenas. No han venido en son de paz. Su primigenia misión de someter el mundo entero ha fracasado a la luz de nuestro sol y la presión de nuestra atmósfera. El planeta Tierra es tan impredecible que tampoco ellos lo pueden dominar. La estrategia alienígena ha dado por tanto un vuelco irrevocable de lo global a lo individual. Ahora, la meta existencial del alienígena no es otra que someter hasta la esclavitud al ser humano que habite en su entorno más cercano.

El peligro para todos nosotros es extremo debido a la invisibilidad de su presencia en el planeta. Ellos se pare…

Órbita marciana

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ÓRBITA MARCIANAEl 19 de noviembre, la sonda espacial MRO orbita Marte en un cielo color caramelo. A quinientos millones de kilómetros de allí, Ingrid  sale a llorar al jardín. Lleva zapatillas y el abrigo sobre el pijama.  Quinientos millones de kilómetros por encima de ella, la sonda espacial cumple órdenes de calibrar el instrumental de la cámara. Desde la órbita marciana, captura un hermoso y azulado instante del planeta tierra. El mismo instante en el que Ingrid camina sin que la asusten el frío, la oscuridad ni la niebla hasta la mata de hierbabuena, y contempla entre lágrimas un cielo amoratado.
©Laura Rivas Arranz Fotografía: Comfreak (pixabay.com) twit de @NASASolarSystem publicado el 6 de enero de 2017

Función de navidad con niebla

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FUNCIÓN DE NAVIDAD CON NIEBLA
Siempre hay una primera navidad sin navidad. Un primer árbol sin luces, un fin de año con trece uvas, un primer altavoz que dispara a bocajarro el primer villancico que hiere... Después, ya todas las navidades son teatro obligatorio interpretado para otros.
Zoe piensa en ello, sentada en el interior del autobús con la cara vuelta a la ventanilla. Mira con recelo las dársenas de la estación acercándose. Se fija en la niebla que flota alrededor de las farolas encendidas.

El autobús se detiene.

Zoe respira profundo. Va dejando que ocupen el pasillo los demás viajeros. Está reuniendo fuerzas para ponerse en pie, el abrigo, la bufanda, recorrer el camino hasta la puerta y desembarcar sin remedio en la nochebuena que se le viene encima.

Cuando se asoma al maletero, su equipaje está ya esquinado y solo. Para recuperarlo, hunde medio cuerpo en las entrañas del autobús con soltura, como si no estuviera calculando la posibilidad de que la puerta abatible se le pueda …

Noche de fantasmas

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NOCHE DE FANTASMAS
Tras el relámpago la casa entera vuelve a hundirse en la oscuridad. Ruidos extraños que vienen del cuarto de atrás desaparecen en el estallido de otro trueno. Me hago fuerte en el rincón del teléfono blandiendo la linterna con firmeza. He colgado el auricular descorazonada. Los técnicos de la compañía eléctrica trabajan ya en mi zona para restablecer cuanto antes el suministro, pero me lo ha dicho una voz grabada con la que ha sido imposible compartir ninguno de mis miedos: que la luz tarde en volver y yo deba sobrevivir en la oscuridad durante horas; que sigan los ruidos extraños del cuarto de atrás. Golpecitos irregulares que ya vuelven a sonar ahora.

Camino nerviosa. Tropiezo con la mecedora de mi abuela muerta. Me siento para no caer. La linterna enfoca el perfil rocoso de una isla al óleo abandonada en un mar de lienzo en blanco, que imagino embravecido. Otro relámpago ilumina la habitación. Todas las mañanas me levanto pensando que hoy será el día en que me ar…

Nota para una historia de Halloween

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Manual para una despedida

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MANUAL PARA UNA DESPEDIDA
El día que me quedé huérfana de padre tuve que beber dos coma ochenta y cinco litros de agua mineral, para tragar la certeza de que morir repentinamente le impedía a mi padre volver a casa esa tarde y cualquier tarde. Lo comprendí bien, pero esa tarde y las mil cuatrocientas veintiocho tardes que la siguieron, cuando oía que se abría la puerta del ascensor, no podía evitar el desaliento al no escuchar a continuación las llaves de mi padre en la cerradura.

No pude evitar contar esto a la administrativa que selló mi impreso de matrícula en el curso primero de la escuela de la vida más cercana a mi área de residencia.

Cuando la escuela de la vida se salió del país de las metáforas y tomó cuerpo en edificios con aulas, pasillos, conserjería y secretaría, reconozco que arrugué la nariz con desprecio e incredulidad. Sí hombre, a estas alturas, qué me va a enseñar a mí esa gente…

Pero nunca digas de este agua no beberé.

—Me convalidarán casi todo lo del primer año, ¿ve…

Claros del bosque

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Claros del bosque
Cayó la noche hace tanto tiempo, que pienso con demasiada frecuencia en los últimos rayos de sol que me templaron la vida.

Era jueves. Caminaba por la Avenida de Poniente. Crucé a la acera de las sombras con despreocupación, como si la luz del sol fuera a estar para siempre al otro lado. Entré en aquella oficina asfixiante y llena de gente silenciosa. Esperé mi turno. Me entregaron un sobre. Al abrirlo se formó una atmósfera de nubarrones y desgracias, que desde entonces acorralan ya siempre a una luna menguada. La vida oscureció.

Me desorienta tanto esta oscuridad, que aún no me explico cómo terminé adentrándome en este bosque; cómo no di media vuelta cuando aún estaba a tiempo; cómo acabé vagando entre estos árboles negros, estas ramas huesudas, este frío nocturno, estos pájaros sin empatía que gorjean canciones a pulmón pleno en mitad de mis noches.

Miro las nubes negras. Otra vez enterrarán hoy lo que me queda de luna. Estallará otra tormenta.

Respiro profundo. H…