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Más allá de la Via Láctea

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MÁS ALLÁ DE LA VÍA LÁCTEA —El próximo fin de semana me voy para siempre. Miro a Nana sin comprender. Coge el bolsito que lleva bajo el brazo y lo abre. Está a punto de hacerme una jugarreta. Lo intuyo. Lleva meses portándose como una niña; con lo vieja que es. —¿Te acuerdas de aquel sorteo de la tienda de pinturas?  Le digo que no.  Nana se ríe, como cuando da cabezadas mientras vemos culebrones y se sueña pequeña y jugando con su prima la muerta: “¿Jugamos, Juanita?”—murmura entre risas. La misma risa cantarina que escucho ahora. Una risa más joven que ella, una risa que brota de su rostro añoso, de sus pulmones viejos que, a pesar de todo, la vida no está logrando arrugar.  Saca un billete espacial. El colorido metalizado del impreso relumbra al sol de la mañana.  —¿Me tomas el pelo? —se lo pregunto enrabiada. Nana me contempla con estupor. Súbitamente seria. —¿Te enfadas? —¿Te vas? Con el billete en la mano estira el brazo lo máximo posible para enfocar y leer el texto: —Exoplaneta

El año del transbordador

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El año del transbordador  cuento Sinopsis Ingrid debe emprender  un viaje sin vuelta en transbordador,  rumbo a un mundo exacto al que abandona salvó por un detalle: el tiempo; tendrá menos.  A todos nos llega un día el transbordador. El año del transbordador  Cuento corto Vinieron a por mí en febrero. Dos funcionarios. Una mujer y un hombre con caras de frío y expresión amable. El timbre habia resonado con intensidad y tono extraños. Aún no sabía quién estaba al otro lado pero ya abrí la puerta con la respiracion entrecortada. Los funcionarios amables y frios me entregaron la citacion antes de que pudiera balbucir palabra. Debia presentarme a las diez de la mañana del dia siguiente en el Edificio de Transbordo Veintidós. Tardé en reaccionar y perdí el plazo de presentar alegaciones: "no estoy preparada", "soy demasiado joven", "es injusto que me haya tocado tan pronto", "yo tenía otros planes", "no quiero esto ah

Una tarde que me caí, Raimon me salvó la vida

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UNA TARDE QUE ME CAÍ, RAIMON ME SALVÓ LA VIDA Sinopsis: Una estudiante de ingeniería aeroespacial debe enfrentarse a una extraña tormenta que oscurece para siempre la ciudad y acelera el tiempo.

El día que se rompió el planeta

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EL DÍA QUE SE ROMPIÓ EL PLANETA Ilustración de Laura Benavente: https://www.laura-benavente.com/ El día que el planeta se partió en dos yo estaba en el pasillo de lácteos del supermercado. El suelo tembló. De la estantería frigorífica brotó una cascada de yogures. Me quedé petrificada mirando los quesos semicurados, como si pudieran explicar qué sucedía. Una parte del planeta acababa de salir disparada hacia el espacio exterior. Ese día la Tierra perdió para siempre un cuarto de sí misma.  Dicen los astrónomos más sabios que aquel día un meteoro colosal impactó contra nosotros. Ningún telescopio lo vio venir. La deflagración fue inmensa. Tardaron meses en apagar los incendios.  Mi calle desapareció casi entera. Ahora vivo en el mismo segundo sin ascensor pero con vistas al final del mundo.  Ya no está enfrente el edificio de ladrillo rojo, donde vivía aquel chico corpulento que hacía ejercicio en una cinta de correr. Nunca me atreví a saludarle.  Ya no está

NO

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NO Llegaron con los eucaliptos. Nadie sabe bien de dónde. Pero llegaron cuando los eucaliptos. Ahora los monstruos infestan el bosque. Nuestro bosque. Antes frondoso y bonito. —Aquí Mara. Mara a Base. Hemos perdido a Roque. Repito. Hemos perdido a Roque. —Aquí Base. Recibido. Mara camina como puede, por un claro del bosque, tratando de sortear el desánimo y las irregularidades de un terreno pedregoso y muy seco. Se le escapa un sollozo al tiempo que tropieza con la raíz muerta de un alcornoque desaparecido. Mara no llega a caer, pero al equilibrarse roza el pulsador del walkie-talkie y el sollozo se cuela por el micrófono. Llega íntegro al receptor Base. Transcurren unos segundos de silencio desconcertado e interferencias vacilantes. —Todo saldrá bien, Mara. Cambio. No es verdad. Mara lo sabe. Casi nada sale bien. La vida es siempre difícil, y desde hace un tiempo todavía más. Pero esa afirmación, hecha a varios kilómetros de distancia, reducida a im

La grieta

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LA GRIETA Hace doce meses una grieta partió por la mitad el jardín. La tierra se abrió en dos y emergió de la nada una sima profunda . Han venido a verla dos geólogas, una directora de documentales, un topógrafo, una ingeniera técnica y un espiritista. Nadie me ha dado una explicación.  Parece surgir bajo el porche. Una fisura leve que se agrava dos metros después. Avanza con dirección noreste matando la vegetación que encuentra en el camino. El tilo que plantó mi padre, las aromáticas que regaba Lili, las hortalizas que cultivábamos Enrique y yo.  En lo único que coinciden las geólogas, la directora de documentales, el topógrafo, la ingeniera técnica y el espiritista es la importancia de vigilar la brecha. Lo he intentado.  De verdad que lo he intentado.  He caminado muchas veces hasta el tilo muerto. Me he asomado a la orilla izquierda de la grieta. Sale de allí una oscuridad tan densa que deja residuos pegajosos en las manos, en la cara, en el pelo, en

Estamos en huelga feminista

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Hoy paramos para cambiar el mundo

BOOM

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BOOM Yo estaba en la cocina. De espaldas a todo. Blandía la batidora contra un puñado de verduras, decidida a hacerlas puré. Cinco minutos antes había sonado el móvil. Había escuchado los mensajes con serenidad y silencio. Ha debido de ser en el minuto seis o el siete, cuando he comprendido que mi vida entera estaba saltando en pedazos. La explosión ha sido tan gigantesca que ha dejado mi casa al aire, y el aire vacío de ruidos. Me he quedado sin paredes, sin palabras, con un pasado bastante imperfecto que ahora veo plagado de equivocaciones, un futuro demasiado condicional y el presente roto y sin indicativos. Estoy helada. No sé qué hacer. Presiono el botón de la batidora. Sigo cocinando, como si aún tuviera paredes y palabras, como si el aire no estuviera vacío y tan helado. Nana entra en la cocina. Me dice algo que no se sostiene en el aire. No consigo descifrarlo. Sonrío para tranquilizarla. No entiendo cómo ha ocurrido. No entiendo por qué

EN EL AIRE

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EN EL AIRE Ha caído la noche sobre este día terrible. Entran por la ventana un rumor de árboles,  el incansable canto de un grillo y el chapotear de la fuente en la plaza. Para dejar de estar sola enciendo la radio. Descubro que soy de esos que en la oscuridad de un insomnio telefonean a programas  para radiodifundir sus zozobras.  Acabo de contarlo todo.  En directo y sin titubear.  Todo.  Tristán y Elsa, dos desconocidos que hoy tampoco duermen bien, entran en antena  para animarme. Son las cuatro de la madrugada, las tres en canarias.  Los pitidos de la señal horaria  resuenan acogedores. Bostezo.  Sí. Bostezo.  Por fin bostezo.  Al fin este día terrible va a rendirse a los sueños. ©Laura Rivas Arranz Fotografía: LubosHouska (pixabay.com) Si te gusta, comparte ;)

Expediente X: This, episodio 2 temporada 11

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Expediente X ha crecido tanto que se ha hecho mayor. Sus guionistas, sus directores, sus protagonistas, sus seguidores, todos somos más viejos. Scully y Mulder también. En “ This ” deambulan por un cementerio en la oscuridad de la noche. Pero esta noche no les persiguen ni los vampiros ni los zombis. Esta noche, entre las tumbas de personas que conocieron, les persiguen la nostalgia y el asombro : —Todo lo que teníamos ha pasado. ¿Cómo ha podido ocurrir? —exclama Mulder. “¿Qué nos ha pasado?”, se preguntará Skinner poco después… Al oscuro paseo entre tumbas y nostalgia le sigue una preciosa mañana luminosa, y Scully y Mulder bromeando y comiendo muffins en un cibercafé. Existe la muerte, la oscuridad, las pérdidas pero también los días soleados, muffins deliciosos, cafés compartidos, chistes muy tontos que increíblemente nos curan tanto de todo que habría que investigarlos. El episodio se construye sobre estas contraposiciones desde el comienzo. El su

Estrellarse

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ESTRELLARSE Caer no es un accidente. Es un acontecimiento inevitable que antes o después ocurre a todos. Nos lo repiten siempre los monitores de caída libre. Me matriculé porque debo aprender a caer. Lo más importante es proteger la cabeza, y rodar para no romperse en dos con el impacto. Lo recito obsesivamente ahora que estoy cayendo. Ahora que voy a estrellarme contra el fondo, porque la gravedad a mi alrededor es insostenible. Ahora que mi caída se ha vuelto innegable y vertiginosa, no estoy segura de saber proteger la cabeza sin perderla. No quiero perder la cabeza. La cabeza no. Allí abajo, en lo hondo, entre el dolor, la oscuridad, la confusión y el desasosiego, dudo si seré capaz de rodar sin resistencia con calma y valor. Miro a mi alrededor, como si fuera posible sujetarme a algún saliente y detener el descenso. Quedaría suspendida automáticamente si esto fuera un examen. No lo es. Caigo. De verdad caigo.Y no debo desproteger la cabeza inte

La nube

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LA NUBE Hace ocho días tomé la decisión de salvar nuestros moribundos vídeos VHS. Hoy he ido a buscar el resultado a la tienda de fotografía. Los vídeos familiares caben ahora en una memoria USB. Y sobra espacio. La ventaja es que puedo subirnos a todos a una nube para que nunca desaparezcamos.  Ahora mismo, en la pantalla del ordenador, está mi madre charlando. Sonríe mirando la cámara. Le devuelvo la sonrisa. En esos planos todavía sabe cómo hacer una tortilla y quién soy.  De fondo se oye la voz de mi padre muerto. Maldito testarudo que apenas sales en los vídeos. No escaparás. A ver si crees que vas a poder irte del todo.  Mi hermano consigue meterlo en plano.  No sabemos nada de mi hermano desde hace más de un año. Siempre fue así. Centrado en él mismo, desentendiéndose de todo. Egoísta. La cámara se mueve ahora tan bruscamente que marea. La hemos cogido mi hermana gemela y yo. Estamos disfrazadas de zombis y acabamos de cumplir diez años. Nos quitan

Valentina está decidida a matarse

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VALENTINA ESTÁ DECIDIDA A MATARSE El reloj de la catedral da las ocho de la tarde. Valentina cierra los ojos como si pudiera amortiguar de ese modo el estruendo de las campanas. Tan cerca está de ellas que podría rozarlas con sólo salir del escondrijo y caminar dos pasos. El vigilante acaba de subir a comprobar que en lo alto de la torre no queda ya nadie. No ha visto a Valentina. Está encogida, detrás de una gárgola con cuerpo de pájaro, cabeza humana y la boca muy abierta en torno a un grito mudo, tenebroso e inmenso. Valentina sabe mucho también de gritos silenciosos y de sufrimientos como piedras. Está decidida a matarse. Cuando todo esté en calma, saltará de la torre. Todos los sufrimientos, todos los gritos se harán por fin pedazos. Qué gran descanso. Veinte horas y cuarenta y cinco minutos por su reloj de pulsera. Se incorpora y camina hacia la balaustrada de piedra. Lejos, casi al ras del río, el sol inunda la tarde en resplandores amar

Apocalipsis zombi

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Apocalipsis zombi Limpiar la habitación propia entraña peligros tan grandes, que solo los más valientes guerreros se atreven a dar un paso al frente y a adentrarse en la zona armados de aspirador, fregona y plumero. Cuando los ácaros anidan en los recuerdos, les confieren un peligroso aspecto inofensivo. Esto yo no lo sabía. Lo he comprendido ahora, cuando he desempolvado una vieja novela negra de juventud, y he caído en la emboscada de abrirla. A unos tres párrafos del comienzo me he detenido a echar cuentas: habrán pasado veinte años desde la última vez que toqué este libro. Qué poco imaginaba yo entonces, cuando lo guardara aquí, que antes de que volviera a hojearlo iban a pasar veinte años y a desencadenarse un fin del mundo que aún no logro asumir. Ahora que todo ha cambiado; ahora que los monstruos existen; ahora que sobran razones para aceptar que la mutación medio zombi de un virus acabará arrasándome la vida; ahora que “casa” es lo mismo que “al raso”; ahora