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En el claro del bosque hoy

La niña con superpoderes

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LA NIÑA CON SUPERPODERES
A dos manzanas de casa, hay un parque parecido a un bosque.

Me había olvidado completamente de él. De verdad. Pero sigue ahí, como si nada, con sus árboles, sus pájaros y sus flores.

Esta tarde he bajado al bosque –quiero decir, al parque–. Me he sentado a la sombra de una morera. Mientras observaba la nube de insectos sobre las parras, no he podido espantar la desazón: la última vez que bajé al bosque –quiero decir a este parque– el mundo no era tan oscuro.

Me ha faltado poco para derrumbarme, víctima de los vértigos que me enferman siempre que me da por pensar en cómo desaparece todo...

–¿Tú qué poder tienes?

Con esa pregunta la niña me ha salvado del remolino oscuro que iba a engullirme. La he mirado sin responder. Tiene ocho años, un vestido de flores y la urgencia por las tardes de bajar al bosque –quiero decir a este parque– a lanzar peonzas cerca de la fuente. Es la más chica de la familia.

Como a estas alturas ya no sé qué poderes tengo, le he devuelto a…

Robo en la biblioteca

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Robo en la biblioteca El 2 de septiembre de 1984, alrededor de las 23:35, los vecinos de la calle Libreros escucharon un estruendo tan grande como una bomba, tan vibrante como un seísmo, tan aterrador como una muerte. La casa abandonada del número 13 se había venido abajo. No hubo que lamentar más desgracias personales que el susto inicial. Sobre el derrumbamiento fueron cayendo los años, sin más obra que la construcción de un muro para encerrar a la casa desmoronada. Donde la calle Impresores corta con la de Libreros, la construcción del muro es tan incorrecta que las grietas han degenerado en boquete, por el que cualquier niña intrépida puede colarse sin problemas. Morgan lo sabe bien. Hay que meter primero una pierna, luego la cabeza y el resto es fácil. Apenas hay que andar quince pasos, para que la suela de sus zapatos de charol repiqueteen sobre lo que fue el piso de la biblioteca. La casa ha sido saqueada tantas veces, que lo único que quedan son libros… Los libros que t…

Alien in love

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ALIEN IN LOVE
DATO NÚMERO 1 La Fundación sin ánimo de lucro de Investigaciones Parapsicológicas tiene su sede muy cerca de mi casa, donde la avenida de los Novios cruza la calle Oscura.

DATO NÚMERO 2 Hace aproximadamente un mes, entró por mi ventana una octavilla envuelta en ráfagas de viento de Poniente. Era una alerta a la población en letras muy negras, mayúsculas y sombrías:

El planeta tierra está infestado de alienígenas. No han venido en son de paz. Su primigenia misión de someter el mundo entero ha fracasado a la luz de nuestro sol y la presión de nuestra atmósfera. El planeta Tierra es tan impredecible que tampoco ellos lo pueden dominar. La estrategia alienígena ha dado por tanto un vuelco irrevocable de lo global a lo individual. La meta existencial del alienígena no es otra ahora que someter hasta la esclavitud al ser humano que habite en su entorno más cercano.

El peligro para todos nosotros es extremo debido a la invisibilidad de su presencia en el planeta. Ellos se parec…

Órbita marciana

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ÓRBITA MARCIANAEl 19 de noviembre, la sonda espacial MRO orbita Marte en un cielo color caramelo. A quinientos millones de kilómetros de allí, Ingrid  sale a llorar al jardín. Lleva zapatillas y el abrigo sobre el pijama.  Quinientos millones de kilómetros por encima de ella, la sonda espacial cumple órdenes de calibrar el instrumental de la cámara. Desde la órbita marciana, captura un hermoso y azulado instante del planeta tierra. El mismo instante en el que Ingrid camina sin que la asusten el frío, la oscuridad ni la niebla hasta la mata de hierbabuena, y contempla entre lágrimas un cielo amoratado.

©Laura Rivas Arranz
Fotografía: twit de @NASASolarSystem publicado el 6 de enero de 2017

Función de navidad con niebla

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FUNCIÓN DE NAVIDAD CON NIEBLASiempre hay una primera navidad sin navidad. Un primer árbol sin luces, un fin de año con trece uvas, un primer altavoz que dispara a bocajarro el primer villancico que hiere... Después, ya todas las navidades son teatro obligatorio interpretado para otros.
Zoe piensa en ello, sentada en el interior del autobús con la cara vuelta a la ventanilla. Mira con recelo las dársenas de la estación acercándose. Se fija en la niebla que flota alrededor de las farolas encendidas.

El autobús se detiene.

Zoe respira profundo. Va dejando que ocupen el pasillo los demás viajeros. Está reuniendo fuerzas para ponerse en pie, el abrigo, la bufanda, recorrer el camino hasta la puerta y desembarcar sin remedio en la nochebuena que se le viene encima.

Cuando se asoma al maletero, su equipaje está ya esquinado y solo. Para recuperarlo, hunde medio cuerpo en las entrañas del autobús con soltura, como si no estuviera calculando la posibilidad de que la puerta abatible se le pueda …

Pensamientos de novelera

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Noche de fantasmas

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NOCHE DE FANTASMAS
Tras el relámpago la casa entera vuelve a hundirse en la oscuridad. Ruidos extraños que vienen del cuarto de atrás desaparecen en el estallido de otro trueno. Me hago fuerte en el rincón del teléfono blandiendo la linterna con firmeza. He colgado el auricular descorazonada. Los técnicos de la compañía eléctrica trabajan ya en mi zona para restablecer cuanto antes el suministro, pero me lo ha dicho una voz grabada con la que ha sido imposible compartir ninguno de mis miedos: que la luz tarde en volver y yo deba sobrevivir en la oscuridad durante horas; que sigan los ruidos extraños del cuarto de atrás. Golpecitos irregulares que ya vuelven a sonar ahora.

Camino nerviosa. Tropiezo con la mecedora de mi abuela muerta. Me siento para no caer. La linterna enfoca el perfil rocoso de una isla al óleo abandonada en un mar de lienzo en blanco, que imagino embravecido. Otro relámpago ilumina la habitación. Todas las mañanas me levanto pensando que hoy será el día en que me ar…

Nota para una historia de Halloween

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Manual para una despedida

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MANUAL PARA UNA DESPEDIDA
El día que me quedé huérfana de padre tuve que beber dos coma ochenta y cinco litros de agua mineral, para tragar la certeza de que morir repentinamente le impedía a mi padre volver a casa esa tarde y cualquier tarde. Lo comprendí bien, pero esa tarde y las mil cuatrocientas veintiocho tardes que la siguieron, cuando oía que se abría la puerta del ascensor, no podía evitar el desaliento al no escuchar a continuación las llaves de mi padre en la cerradura.

No pude evitar contar esto a la administrativa que selló mi impreso de matrícula en el curso primero de la escuela de la vida más cercana a mi área de residencia.

Cuando la escuela de la vida se salió del país de las metáforas y tomó cuerpo en edificios con aulas, pasillos, conserjería y secretaría, reconozco que arrugué la nariz con desprecio e incredulidad. Sí hombre, a estas alturas, qué me va a enseñar a mí esa gente…

Pero nunca digas de este agua no beberé.

—Me convalidarán casi todo lo del primer año, ¿ve…

Claros del bosque

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Claros del bosque
Cayó la noche hace tanto tiempo, que pienso con demasiada frecuencia en los últimos rayos de sol que me templaron la vida.

Era jueves. Caminaba por la Avenida de Poniente. Crucé a la acera de las sombras con despreocupación, como si la luz del sol fuera a estar para siempre al otro lado. Entré en aquella oficina asfixiante y llena de gente silenciosa. Esperé mi turno. Me entregaron un sobre. Al abrirlo se formó una atmósfera de nubarrones y desgracias, que desde entonces acorralan ya siempre a una luna menguada. La vida oscureció.

Me desorienta tanto esta oscuridad, que aún no me explico cómo terminé adentrándome en este bosque; cómo no di media vuelta cuando aún estaba a tiempo; cómo acabé vagando entre estos árboles negros, estas ramas huesudas, este frío nocturno, estos pájaros sin empatía que gorjean canciones a pulmón pleno en mitad de mis noches.

Miro las nubes negras. Otra vez enterrarán hoy lo que me queda de luna. Estallará otra tormenta.

Respiro profundo. H…

Más acá, monstruos

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MÁS ACÁ, MONSTRUOS
Los niños saben que los monstruos existen.

Los intuyen bajo la cama, entre las pelusas que papá nunca barre.

O en la oscuridad del armario, donde se esconde de mamá el jersey nuevo con manchas de rotulador verde.

Los gruñidos de los monstruos suenan de noche, entre murmullos de mamá y papá planeando internar en un centro a la abuelita.

La abuelita, que antes del Olvido era la única que sabía poner sin prisa los zapatos a los niños.

Los monstruos existen.

Lo saben los niños.



©Laura Rivas Arranz. Fotografía: thisguyhere, pixabay . com

Don Quijote contra las píldoras blancas

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Don Quijote contra las píldoras blancas Alonso Quijano se apoya en el respaldo del asiento trasero del coche. Baja la ventanilla. Le conforta respirar el mismo aire que revuelve un encinar en el lado oeste de la carretera.

Descubre al noroeste un gigante sacudiendo al sol sus brazos de siete leguas. Alonso Quijano lo contempla sin una punta de inquietud. Sin que del corazón salga el menor latido aventurero. Sin miedo ni valor ni esperanzas. Alonso Quijano contempla al gigante y no puede sentir nada.

—Es un molino y no un gigante, tío, que nos conocemos.

Mira a su sobrina al volante. Identifica el tono que da a las advertencias terminantes, y prefiere no discutir nada. Total, para qué. Las sombras alargadas de los gigantescos brazos se meten en el coche, y Alonso Quijano sólo puede sentir desinterés. El mismo que provocarían los giros monótonos de cualquier molino. Qué más da ya gigante que molino.

Alonso Quijano tiene ganas de llorar. Se aleja de la ventanilla.

—¿Qué te pasa?…

Cinderella 2.0

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CINDERELLA 2.028 de abril de 2016
Me han despertado los chillidos de los vencejos. 

Por fin. 

Por fin. 

Por fin he abierto los ojos con la certeza de que si mi hermanastra tiene una inundación, yo no estoy obligada a achicar su agua.

La leche de mi desayuno se convierte en humo y vuela por la cocina. Abro la ventana. El sol me ilumina. Se me calienta la sangre al pensar que si mi hermanastra vive al aire y libre es porque yo estoy encarcelada entre sombras y cenizas.

Miro resentida los pájaros presos que habitan una jaula en el balcón de enfrente.

Miro resentida el avellano sin flores, sin hojas, sin magia, sin vida, sin el menor encantamiento.

Miro resentida las trampas para ratones repartidas por las esquinas del patio.

Miro resentida, sobre la encimera, la calabaza que he de convertir yo sola en puré.

Colorín colorado: para que mi hermanastra viva no voy a seguir muriendo yo.

Ha llegado la guerra. Ha estallado la Primavera.

Todavía guardo un zapato de tacón y cristal en el fondo…

La menguante luz de un cuarto de luna

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La menguante luz de un cuarto de luna
La nevera sin cena me obliga a salir esta noche. Y no quiero. Esta noche no. Maldita nevera. Maldita cocina. Maldito mi caos doméstico salvaje.

No hay remedio. Respiro profundo y me pongo el bolso a lo bandolera. Sin más preparativo ni defensa abro la puerta.

Me adentro en esta noche que huele a bosque bajo un cuarto de luz de luna que mengua entre los árboles de la plazuela.

No hago caso a la hojarasca en lo alto balanceándose.

No hago caso a los rayos menguantes zambulléndose en el gorgoteo de la fuente.

No hago caso.

Entro en el veinticuatro horas, rebusco entre los estantes, hago una cola breve, el cajero me tiende las bolsas y me da las buenas noches.

También yo se las doy.

Aunque no son buenas.

Las noches de cuarto de luna no tienen gota de bondad. Todo es fuga.

Sin remedio echo a andar por una vieja avenida que ya no existe. El kilo de naranjas, el litro de leche y toda la realidad de la avenida verdadera me dejan de pesar.

Un aire repentino y ant…

Isla Veintidós

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Isla Veintidós
Los destierros en la isla Veintidós son el peor destino de cualquier sueño. Cualquier sueño que haga escala en la isla es un mal sueño. 

Pero la isla Veintidós no es más que un sueño. Eso dicen...

Por las noches, cuando llega el silencio y ululan las lechuzas, si tengo la fortuna de hallarme en casa, cierro bien puertas y ventanas. En la cama, a cubierto bajo las mantas, cuando el reloj de la torre ahuyenta el piar de los murciélagos con doce campanadas, yo hago un acto de fe, miro a través de la oscuridad el techo, y siempre rezo lo mismo: por favor, por favor, no permitas que me despierte en la isla Veintidós. Por favor. No lo permitas.

El amanecer en la isla Veintidós comienza a las 6:47 a.m. Lo tengo comprobado, Ni un segundo antes ni uno después. Da igual si es verano o si es invierno. Todo da igual en la isla Veintidós.

Siempre te despierta temprano el escalofrío de la niebla. Te resistes a abrir los ojos porque aún confías en el malentendido: aunque sea un despert…

Lo que digan los artificieros

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LO QUE DIGAN LOS ARTIFICIEROSCuando los artificieros dictaminaron que el costurero de la bisabuela era una bomba, me dio la risa. 

La primera vez que explotó y me voló un día entero, caí en crisis de llanto. De los artefactos explosivos parentales no te puedes desatar.

Ahora sigo al milímetro las recomendaciones de los artificieros. 

Qué otra cosa puedo hacer... 

Y con todo, explota. 

A veces, el costurero explota.

Y me vuela días enteros. 

Yo recojo los restos de mis días muertos, procuro aprovechar con discreción los demás, y sigo al milímetro las recomendaciones de los artificieros. 


©Laura Mª Rivas Arranz
Fotografía: Fclaria (morguefile.com)


Precipicios de interior

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PRECIPICIOS DE INTERIORSalí de casa con el optimismo absurdo que incubo siempre al final de los fríos. Del invierno quedaba apenas alguna rama desnuda en plataneros perezosos.
Lo primero que noté fue que perdía pie y todo contacto con el firme de la calle. Comprendí que el suelo se había abierto bajo mis pies.
Aquel lunes, alrededor de las once, con la ciudad llena de sol y de olor a bosque, caí en el agujero.
Nos habían avisado de la extraña epidemia por televisión, por internet, por radio. Recomendaban que nos moviéramos con precaución. Pisando sólo tierra muy firme. 

Como si fuera tan fácil.
Mientras caía no tuve miedo. Sólo recuerdo incredulidad. Lo que hasta ahora siempre le había pasado a otros me estaba ocurriendo a mí.
Ahora habito como puedo este subsuelo húmedo y oscuro.
Allí arriba, donde el aire y el sol, se ha quedado algo parecido a mí que no puedo ser yo porque yo estoy aquí abajo.
Mi familia, mis amigos me hablan como si estuviera normal. Pero estoy abajo. Donde ni el a…

Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible de Constance de Salm

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Una novela sobre los peligros del monólogo en el amor.
Un adiós pronunciado con prisas por el amante de la protagonista es el pistoletazo de salida para una carrera desbocada de cuarenta y seis cartas sin respuesta dirigidas al hombre amado.
En el silencio de la ausencia, “la joven dama” va descubriendo/construyendo una realidad en la que se va ahogando.
“Vuestra ausencia, vuestro silencio, son inexplicables”
Lo único claro de estas cuarenta y seis cartas sin respuesta es que entre monólogos el amor se destruye. El silencio es contrario al amor. Si uno tiene que hablar solo, si no hay diálogo, el amor salta por los aires.
De los despojos del amor también trata esta novela. De los celos, del control, de la pérdida del orgullo, de perder la independencia y hasta la vida propia.
“No he conseguido dibujar dos trazos seguidos, y vuelvo a ti. Si bien es cierto que las Artes exigen un corazón ardiente, también requieren una mente libre.”
Las relaciones entre la imaginación y el amor también s…

Expediente X ha vuelto

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Mulder, Scully y su cruzada infinita contra el escepticismo han vuelto a nuestros televisores, como si el tiempo nunca hubiera pasado.


Pero ha pasado. Desde que Mulder y Scully dejaron de acompañarnos los domingos a la hora de la cena han pasado dieciséis años. (Aquí en España no se emitieron la octava ni la novena temporadas; todavía se la guardo a Telecinco por semejante faena).

Dieciséis años, uno tras otro, en los que me ha dado tiempo a madurar (más o menos...) y en los que el mundo a mi alrededor ha cambiado muchísimo. En estos años he triunfado alguna vez y fracasado muchas más, he conocido personas maravillosas, otras algo menos, me han golpeado la ausencia, la muerte. Me ha dado por reír y también por llorar. A estas alturas del viaje empiezo a estar un poco enrabiada con la vida, con esos sueños que se me resisten a lo mejor para siempre, con los sinsentidos que me rodean...

Y un martes por la noche cualquiera enciendo la tele y como si me quitaran veinte años de un plumazo…

El diario de la niña chica: Ola de frío polar

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EL DIARIO DE LA NIÑA CHICA: OLA DE FRÍO POLAR
Dice Mamá que hay una ola de frío polar.

Pero en el cole, hemos salido al patio a jugar igual que cuando no hay olas de frío polar, y Mamá me ha abrigado muchísimo, pero exactamente igual que otros días que no hay olas de frío polar.

A la hora de la asamblea, Lorena nos ha enseñado los periódicos. Nos ha explicado que la gente los compra para leer los hechos fuera de lo normal que suceden en el mundo. Patricia Rodríguez le ha preguntado a Lorena que por qué el frío salía en el periódico si el frío en invierno es normal..

A Patricia Rodríguez le contestó Noe. (Noe es la profesora de prácticas, que va a quedarse unos meses con nosotros para aprender a ser profesora de infantil, como Lorena.) Lo que dijo Noe fue que Patricia Rodríguez había hecho una pregunta muy inteligente. Añadió que muchas veces los medios de comunicación exageran la importancia de algo para convertirlo en noticia porque no encuentran noticias, o también para alejar la a…

Humo de gofres

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HUMO DE GOFRESHace quince años no sabía que la vida va oscureciéndose, arrugándose, defraudándote y encogiendo hasta un punto que o sales fuera a respirar, o te ahogas sin remedio en lo profundo de la locura. Comprendo que existirán otras formas de salir fuera a respirar, pero yo sólo me he encontrado ésta: coger un tren al pasado.

Los viajes en el tiempo son para perdedores. Nadie lo dice abiertamente pero todos lo piensan. Algo avergonzada acaricio mi billete de tren en el bolsillo del abrigo. 

Resuenan mis pasos en los subterráneos bajo las vías. Hoy no hay casi viajeros en la estación. Será porque es entre semana…

Sin vacilar, tuerzo a la derecha y subo la escalera hasta el andén número cuatro. Siempre salimos desde el cuatro. El sol de esta mañana habrá empezado ya a templar los bancos y no pasaré frío mientras espero el tren.

Tomo asiento.

Desvío los ojos de los de una mujer que conozco y que me mira. Finjo interés a lo lejos, en las vías, como si el tren viniera ya.

No viene…

—Hola…

El sentido del viento (desenlace)

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Hay relatos que nacen por casualidad y se desarrollan al calor de los oyentes, de los lectores, al calor de sus corazonadas. Éste es uno de esos relatos.
Gracias a los que participasteis leyendo el planteamiento del cuento y disteis las pistas para que la historia de Cloe y NIl continuara un poco más —a veces, “un poco más” es toda una vida—.  De corazón, gracias :-)


EL SENTIDO DEL VIENTO
EL PLANTEAMIENTO (El cuento nació partido y está partido; hay cosas que no pueden cambiar).

Si quieres leer el planteamiento de esta historia pincha aquí EL NUDOUna tarde de domingo, de frío y de niebla, una fila de gente espera que abra la taquilla de los multicines.

A tres kilómetros de allí, una corriente de aire irrumpe de pronto en la calle Laguna. Levanta del suelo el tique de compra de un libro de poemas  —alguien lo adquirió a las diecisiete y veintiocho del día anterior—.

Cloe se sube el cuello del abrigo. Mira la gente por delante de ella hasta la taquilla. Descubre de pronto el inconfundi…

El sentido del viento

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El sentido del vientoPor más que el sol brille sobre la ciudad, la calle Laguna discurre siempre entre sombras, angosta, retorcida, sin encanto, expuesta al capricho de los vientos.

A Cloe le gusta caminar por la calle Laguna. A la altura del número cuatro, a eso de las dos y diez, suele resignarse a los rizos desordenados que le impone el aire. Nota que el corazón late más rápido, que el estómago encoje, se engaña explicándose que desde el café de las once no ha vuelto a comer nada, y no pierde de vista la esquina por la que va a aparecer él.

Nil aprieta el paso. Va con retraso y quiere llegar a tiempo a la calle Laguna. Dobla la esquina. Ahí está ella. Se aclara la voz a la altura del número siete, como si hoy por fin fuera a atreverse a cruzar la calle y decirle algo.

Se miran.

Me la voy a jugar y afirmo que sonríen. Con una sonrisa más de mirada que de labios. Una sonrisa que se siente más de lo que se ve y que no deja indicios ni forma material de probarla... Pero de lunes a sábad…