Manual para una despedida



 

MANUAL PARA UNA DESPEDIDA

 
El día que me quedé huérfana de padre tuve que beber dos coma ochenta y cinco litros de agua mineral, para tragar la certeza de que morir repentinamente le impedía a mi padre volver a casa esa tarde y cualquier tarde. Lo comprendí bien, pero esa tarde y las mil cuatrocientas veintiocho tardes que la siguieron, cuando oía que se abría la puerta del ascensor, no podía evitar el desaliento al no escuchar a continuación las llaves de mi padre en la cerradura.
 
No pude evitar contar esto a la administrativa que selló mi impreso de matrícula en el curso primero de la escuela de la vida más cercana a mi área de residencia.
 
Cuando la escuela de la vida se salió del país de las metáforas y tomó cuerpo en edificios con aulas, pasillos, conserjería y secretaría, reconozco que arrugué la nariz con desprecio e incredulidad. Sí hombre, a estas alturas, qué me va a enseñar a mí esa gente…
 
Pero nunca digas de este agua no beberé.
 
—Me convalidarán casi todo lo del primer año, ¿verdad?
 
La secretaria de la escuela me miró por encima de las gafas y respondió un enigmático: “depende”.
 
El año pasado, por fin, aprobé Soledad I, y este año llevo bastante al día Soledad II. He aprendido a vivir confortable y cómoda en mis soledades y no he vuelto a protagonizar huidas locas ni a tratar de extirpar a la desesperada las sensaciones de aislamiento.
 
Pero decir adiós se me da mal.
 
Y es un problema importante, porque las despedidas son una troncal y las tengo muy atascadas.
 
En la introducción al temario, lo primero que analizan es el significado del verbo despedir. Lleno hasta reventar de connotaciones despreciativas: soltar, arrojar, apartar… Y eso es lo que yo no acabo de entender. Que periódicamente haya personas que nos suelten, nos arrojen, nos aparten, o que las soltemos, arrojemos o apartemos. Alguien que estaba a tu lado dice “adiós” o tú le dices “adiós” y a continuación cae una niebla espesa y fría que deslíe todo; ocasionalmente lo condensa en alguna imagen, que no sea difícil de mirar en ese álbum que coleccionamos todos. Esto dice el tema cuatro.
 
Mis nieblas deslíen poco y se lían mucho.

 Quizá por eso, durante mil cuatrocientas veintiocho tardes, me extrañó tanto que mi padre muerto no metiera sus llaves en la cerradura.
 
Quizá también por eso, cuando mis tíos han vuelto de Buenos Aires, he extrañado tanto a mi prima pequeña de ocho años. Ha regresado con doce, acento argentino y sonriéndome sobrecogedoramente como a los extraños. Aquella niña a la que cuidé tantas tardes, la que creía en los Reyes Magos y el ratón Pérez, la que jugaba conmigo a las hadas y al escondite inglés, desapareció para siempre en Buenos Aires. Tuve que respirar profundo y beber uno coma cincuenta y cinco litros de agua mineral, para aceptar que mi prima pequeña apenas me recuerda y yo no la reconozco.
 
Quizá también por eso, porque mis nieblas deslíen poco y se lían mucho, estoy compartiendo vida con un extraño al que todavía llamo novio. Da igual si ha cambiado él, si he cambiado yo, si no ha cambiado nadie y el problema es que me caí de bruces en el error de querer a un ente ficticio que me enamoró muy rápido. Da igual si la ficción la inventé yo, si la inventó él, si la inventamos juntos. Da igual. Lo fundamental es que sigo en los alrededores de una relación que ya no está por si acaso vuelve.
 
El tema siete y también el diez, que es un tema de repaso, abordan mi problema con mucha claridad: soy una habitante del pasado...
 
Cada mañana, después del café, aliento las apariciones de los fantasmas. Dejo que la mirada severa del padre muerto siga atravesándome. Permito a la niña que se extinguió para siempre en Buenos Aires que vuelva a hacer carreras por el pasillo e imagine una playa en la cocina. Consiento que un ente de ficción ilusionado, acogedor y divertido camufle al aguafiestas, escéptico que ahora tengo al lado. Pero lo peor, lo peor de todo, es que cada mañana, después del café, destapo maquillaje y me pinto a mi misma como si el tiempo no hubiera pasado y siguiera siendo aquella chica que tenía un padre, una prima pequeña, un enamorado, y los sueños llenos de pájaros.
 
No se me dan bien las despedidas.
 
Y es un problema.
 
Porque en la vida, nunca dejan de llover las despedidas. Tarde o temprano te cae encima el zarpazo del primer adiós y luego ya todo es llover. Nada más troncal que las despedidas. De personas, de lugares, de mascotas, de labores, de aficiones, de ilusiones, de sueños... La lista es tan interminable que el tema catorce, que es el más largo, aborda sólo a título de ejemplo las más representativas.
 
Hay que aprender a decir adiós. A decirlo con la convicción serena de lo inevitable. Vaciando cuanto antes los ojos de lágrimas, para mirar con iluso optimismo el futuro. Perdón. Me he equivocado; donde pone "iluso" hay que leer “ilusión”. Siempre me equivoco. Se me da mal esta materia.
 
El tema dieciséis está escrito con frases cortas, claras y adjetivación positiva. Porque ése es el espíritu que debe latir en cualquier adiós. Breve, claro y positivo. Levantas la mano hacia el cielo y la agitas en el aire:
 
¡Adiós!
 
Con firmeza y la convicción serena de lo inevitable.
 
© Laura Rivas Arranz
Imagen base de portada: quicksandala (morguefile)


Comentarios

  1. Fantástico monólogo. El personaje narrador cobra vida a través de un discurso coherente y sentido. Enhorabuena!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra mucho que te haya gustado. Mil gracias por pararte a leerlo y por dejarme aquí tus impresiones. Saber que de vez en cuando hay alguien al otro lado anima mucho. ¡Gracias! :)

      Eliminar
  2. Me gustó muchísimo, Pero es un blog o.un libro? Déjame saber. Igual muy interesante.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Deisy, me alegra que te haya gustado!! Es un cuento, uno más de los que hay por aquí colgados en el blog. Te agradezco mucho tu interés. En este blog voy colgando cuentos según los voy escribiendo. La editorial Literanda me ha publicado en digital dos novelas "Rompecabezas" y "Pasos en la escalera". Por si quieres echar un vistazo te dejo por aquí el enlace a "Romoecabezas" que está en descarga gratuíta:

      http://www.literanda.com/librerias/autor/narrativa-contemporanea/rivas-laura/165-rompecabezas

      Muchas gracias por leer, saludos:)

      Eliminar
  3. Impresionante. Muy bien llevado el sentimiento durante todo el relato. Sin palabras

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. muchas gracias!! por leerlo y por dejarme saber qué te parece. Tu comentario me anima mucho a seguir, muchas gracias :)

      Eliminar

Publicar un comentario en la entrada

En cuanto lea lo que has escrito te contesto. Tu comentario tardará un poquito en aparecer en el blog. ¡Muchas gracias por comentar!

Entradas populares de este blog

Don Quijote contra las píldoras blancas

Noche de fantasmas