Don Quijote contra las píldoras blancas

2016-05-01-19-22-25
 
 

Don Quijote contra las píldoras blancas

 
Alonso Quijano se apoya en el respaldo del asiento trasero del coche. Baja la ventanilla. Le conforta respirar el mismo aire que revuelve un encinar en el lado oeste de la carretera.
 
Descubre al noroeste un gigante sacudiendo al sol sus brazos de siete leguas. Alonso Quijano lo contempla sin una punta de inquietud. Sin que del corazón salga el menor latido aventurero. Sin miedo ni valor ni esperanzas. Alonso Quijano contempla al gigante y no puede sentir nada.
 
—Es un molino y no un gigante, tío, que nos conocemos.
 
Mira a su sobrina al volante. Identifica el tono que da a las advertencias terminantes, y prefiere no discutir nada. Total, para qué. Las sombras alargadas de los gigantescos brazos se meten en el coche, y Alonso Quijano sólo puede sentir desinterés. El mismo que provocarían los giros monótonos de cualquier molino. Qué más da ya gigante que molino.
 
Alonso Quijano tiene ganas de llorar. Se aleja de la ventanilla.
 
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

 
Mira a la sobrina pero no responde. Vuelve a sentirse enojado con ella por emponzoñar su relación con Dulcinea. Cierra los ojos y se esfuerza en borrar la indiferencia que, tantas veces y con tantos detalles, le ha explicado la sobrina que Dulcinea siente por él. No es posible. La bella, la bondadosa, la sin par Dulcinea le admira. Le quiere. “Me quiere. Me quiere…. Dulcinea, socórreme en este difícil trance”. Pero la invocación a la deslumbrante amada no relumbra como antes.
 
Alonso Quijano respira profundo. Siente que vuelve a ser un caballero triste.
 
Se apoya en el respaldo del asiento. La sobrina gira a la izquierda y entra en la autovía. Van lejos, a la ciudad. A la consulta de un hombre con bata blanca que se dice médico. Alonso Quijano sospecha que es un encantador malicioso. Con sus malas artes adormece sensaciones y sentimientos. Con la magia negra de las píldoras blancas está nublándole la memoria, la imaginación, la mirada y hasta las mismas leyes de la Caballería. No se ha resistido a venir porque es mejor no huir. Un caballero de su fama afronta con entereza cualquier peligro que surja en el camino.

©Laura Rivas Arranz
Fotografía: Calaidea (Moguefile)

Comentarios

  1. Me ha gustado este pequeño relato y me ha parecido un buen homenaje al Quijote. Además, ocurrente. Un beso.

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    1. Ángeles Impíos, gracias! Me alegra mucho y me anima que te haya gustado. Y mil gracias por comentar! Besazo :)

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  2. Genial, Laura. La imaginación, la valentía y el ingenio proscritos por prescripción médica. No me extraña que el caballero esté triste.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Rosa. Sí, por prescripción médica nada menos. Me encanta tu comentario. De nuevo, muchas gracias por leer y comentar ¡Besazo!

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  3. Laura, estupendo relato. Me ha encantado. Un gran homenaje. Qué nadie elimine la imaginación de nuestro Quijote y que nadie nuble las leyes de la caballería ; ) Muy muy bueno. Un beso

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    1. El baúl de los libros asombrosos, me alegra que te haya gustado. Gracias por dejar aquí tu comentario!!! La verdad es que en los tiempos que corremos quién nos asegura que no acabarán medicando contra la imaginación y la mirada diferente... Medicalizamos todo... Besazo y gracias :)

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