Expediente X ha vuelto




Mulder, Scully y su cruzada infinita contra el escepticismo han vuelto a nuestros televisores, como si el tiempo nunca hubiera pasado.


Pero ha pasado. Desde que Mulder y Scully dejaron de acompañarnos los domingos a la hora de la cena han pasado dieciséis años. (Aquí en España no se emitieron la octava ni la novena temporadas; todavía se la guardo a Telecinco por semejante faena).

Dieciséis años, uno tras otro, en los que me ha dado tiempo a madurar (más o menos...) y en los que el mundo a mi alrededor ha cambiado muchísimo. En estos años he triunfado alguna vez y fracasado muchas más, he conocido personas maravillosas, otras algo menos, me han golpeado la ausencia, la muerte. Me ha dado por reír y también por llorar. A estas alturas del viaje empiezo a estar un poco enrabiada con la vida, con esos sueños que se me resisten a lo mejor para siempre, con los sinsentidos que me rodean...

Y un martes por la noche cualquiera enciendo la tele y como si me quitaran veinte años de un plumazo vuelvo a encontrarme con ellos. Más mayores y también llenos de problemas, decepciones, pérdidas y fracasos. Es la vida.




Me acomodo en la silla, y me dejo llevar por aquel entusiasmo antiguo:
“Es peligroso.”, “¿Y cuándo nos ha detenido eso?”
Y me animo. Porque es verdad. Porque vivir es arriesgado. ¿Pero eso nos va a detener?.
“Usted es un creyente”. “No. Yo quiero creer”.
Y yo también. Yo, que de lo que me dicen y hasta de lo que veo creo ya sólo la mitad de la mitad, también quiero creer.
“Hemos seguido con nuestra vidas para bien o para mal”

Nunca sabes si las decisiones serán para bien o para mal. Pero la vida sigue. Hay que seguir.



“No te rindas”
Claro que no. No voy a rendirme. La vida es lucha. Mi lucha.

Desempolvo mi gorra de Expediente X y vuelvo a declararme fan de la serie. Porque yo también todavía quiero creer.

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