La niña con superpoderes


LA NIÑA CON SUPERPODERES


A dos manzanas de casa, hay un parque parecido a un bosque.
 
Me había olvidado completamente de él. De verdad. Pero sigue ahí, como si nada, con sus árboles, sus pájaros y sus flores.
 
Esta tarde he bajado al bosque –quiero decir, al parque–. Me he sentado a la sombra de una morera. Mientras observaba la nube de insectos sobre las parras, no he podido espantar la desazón: la última vez que bajé al bosque –quiero decir a este parque– el mundo no era tan oscuro.
 
Me ha faltado poco para derrumbarme, víctima de los vértigos que me enferman siempre que me da por pensar en cómo desaparece todo...
 
–¿Tú qué poder tienes?
 
Con esa pregunta la niña me ha salvado del remolino oscuro que iba a engullirme. La he mirado sin responder. Tiene ocho años, un vestido de flores y la urgencia por las tardes de bajar al bosque –quiero decir a este parque– a lanzar peonzas cerca de la fuente. Es la más chica de la familia.
 
Como a estas alturas ya no sé qué poderes tengo, le he devuelto a ella la pregunta.
 
–Sí, anda, pues como le hagas caso a ésta y le des alas, estamos arreglados...
 
No he hecho caso a las protestas de la madre.
 
La niña afirma con seriedad que manda en los pájaros.
 
No me lo he creído, claro. Pero cuando ha dado tres golpes en el tronco de un álamo mustio, los vencejos repentinamente nos sobrevolaban...
 
Se ha reído. Con esa risa cristalina, fresca y tan honda que brota sólo de los niños. Y me ha arrastrado. Me he puesto de pie y le he dicho que yo mando en el aire y cuando dé tres golpes en el tronco del álamo mustio, el aire moverá la rama más alta.
 
Después de los tres golpes hemos mirado esperanzadas la rama medio marchita.
 
No se ha movido.
 
Yo me he rendido enseguida.
 
La niña ha continuado acechando la llegada del viento, hasta que la primera ráfaga nos ha agitado el pelo y la siguiente ha sacudido las ramas marchitas.
 
–¡El aire te ha hecho caso!
 
Me lo ha dicho benévola. He sonreído.
 
Me he quedado escuchando el rumor del aire entre los árboles. La brisa de la fuente ha empezado a refrescarnos. La niña me ha preguntado si quiero tirar la peonza. Y por entre los chillidos de los vencejos me he dicho: por qué no...
 
Me ha dado instrucciones para enrollar la cuerda y he prestado mucha atención. Alguien que manda sobre los pájaros e intuyo que también sobre el vientosabe lo que se hace.
 
Lo he pasado bien. Esta tarde he bajado al bosque –quiero decir, a este parque–. Me había olvidado completamente de él. De verdad. Pero sigue ahí. A pesar de todo. Con sus árboles, sus pájaros y sus flores.
 
©Laura Mª Rivas Arranz
Fotografía: Anita Peppers (morguefile.com)

Puedes descargar gratis mi primera novela “Rompecabezas” aquí:
http://www.literanda.com/librerias/autor/narrativa-contemporanea/rivas-laura/165-rompecabezas
3000 descargas gracias

Ya en Literanda mi segunda novela en digital:

"Pasos en la escalera” Disponible aquí: http://www.literanda.com/librerias/autor/narrativa-contemporanea/rivas-laura/221-pasos-en-la-escalera

pasos en la escalera sinopsis

Comentarios

  1. Los niños nos dan verdaderas lecciones de vida. Los adultos, como dices, nos rendimos enseguida, hemos perdido la fe, no sólo en lo que nos rodea, sino lo que es más triste, en nosotros mismos. Que no se nos olvide visitar a menudo ese bosque de la infancia.
    Me ha gustado mucho, Laura.
    Besos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra mucho que te haya gustado, Lorena. Tienes razón, los adultos tenemos mucho que aprender de los niños, Según crecemos se nos olvidan tantas cosas... Me gusta mucho: "visitar a menudo ese bosque de infancia". Yo creo que nos da miedo bajar. No sea que se nos desmonten demasiadas cosas de nuestra vida adulta... Y que de niños somos más valientes.Gracias por leer y por comentar. ¡Un besazo!

      Eliminar

Publicar un comentario

En cuanto lea lo que has escrito te contesto. Tu comentario tardará un poquito en aparecer en el blog. ¡Muchas gracias por comentar!

Entradas populares de este blog

Don Quijote contra las píldoras blancas

Manual para una despedida

Noche de fantasmas