El revoloteo confuso de los murciélagos


El revoloteo confuso de los murciélagos

Nací una madrugada del siglo pasado. Cuando los kilómetros de distancia se desleían a fuerza de tinta, papel, sellos y llamadas de teléfono excepcionales y costosas.

Los niños del siglo pasado jugábamos en las plazuelas las noches de verano. Descansábamos de correr en algún banco —puede que en éste mismo en el que huyo ahora de la canícula insoportable de mi día—. Nos contábamos cuentos, películas, mentiras, nos enfadábamos y discutíamos balanceando los pies en el banco. Pero en algo estábamos de acuerdo: el siglo que viene los coches volarían, los robots trabajarían por nosotros, existirían pastillas con concentrados de asignaturas para aprender la lección al instante, el teléfono tendría una pantalla para mirar a los ojos al que te habla, y en vacaciones podríamos viajar en avión a la luna, al planeta Marte o incluso a Plutón…

Imaginando Plutón nos quedábamos en silencio mirando las estrellas a años luz de la plazuela y del revoloteo confuso de los murciélagos. Un murciélago sobrevuela obsesivo el espacio aéreo entre la acacia y la farola. Me da vértigo mirarlo. 

No. No es cierto. Lo que me da vértigo es pensar que los kilómetros de distancia se acortan hoy muy fácilmente entre los circuitos de un computador conectado a la Red.

No. No es cierto. Lo que me da vértigo es pensar que cuando alguien que está lejos prefiere hablarte por carta quiere distanciarse un siglo... Cómo no me daría cuenta antes.

No nos confundíamos de niños. Las videollamadas hoy se han hecho realidad. Pero los coches voladores no existen, ni las lecciones en pastillas, ni los robots sirvientes, ni las vacaciones en la luna. Plutón al final no era un planeta…

Busco estrellas más allá de ese murciélago obsesionado con la farola y la acacia. No encuentro ninguna.

Me da pena que no exista un robot en cada casa…

No. No es cierto. Lo que me apena es haberme transformado yo en el robot de la mía.

Porque, admitámoslo, soy un robot.


Qué imbécil… Pero qué imbécil… Con tantos planes que tenía para mí… Y los he abandonado en medio de un peligrosísimo océano de palabras bonitas... Como Alex. Igual de imbécil. Otro robot al servicio de los demás encadenado a la cocina y a la escoba mientras el resto vivíamos… Perdona, Alex…

Alex, perdona.

Que se entere todo el mundo: los robots no existen; el que quiera que le sirvan que se vaya matriculando en ingeniería.

Se acabó.

Se acabó.

Yo no soy como Alex. No quiero ser como Alex. 

Perdona, Alex.

Me declaro inmune a las palabras bonitas. Me ciño desde ahora estrictamente a los hechos. El lenguaje entero lo pongo bajo sospecha. Cuidado con las palabras. Peligro. Riesgo de intoxicación.

No volveré a dejar que mis días se vayan por donde yo no quiero; que un puñado de palabras preciosas me programen para servir sin que me sirvan.

Se agitan las hojas de la acacia. El murciélago huye. Una corriente de aire fresco alivia la asfixia de la noche.


©Laura Mª Rivas Arranz
Todos los derechos reservados
Imagen: Seeman (morguefile.com)


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Comentarios

  1. Me ha dado miedo tu cuento. Me da miedo eso de ser el robot de nuestra casa. Y no sé si siempre se pude ser inmune a las palabras bonitas. Más miedo. Pero a la rebelión contra dejarme programar, me apunto.
    Besos!!

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    Respuestas
    1. Sí. La verdad es que lo de “ser el robot de la casa” da bastante miedo. Las cuatro paredes de una casa, de una forma u otra, acaban chupando demasiada vida de sus habitantes. Lo malo es si invaden sólo la vida de uno de ellos. Robotizarse es tan fácil… Fíjate, creo que algún día escribiré un cuento sobre una casa maligna… :o Bueno, si me atrevo que yo soy muy miedica… De las palabras bonitas mejor ni hablamos, ésas sí que dan miedo porque nunca sabes si son de las que te van a explotar en las narices cuando menos te lo esperas o de las que no… Apuntada quedas en la rebelión :) Como siempre, muchísimas gracias por dedicar tiempo a leer mis historias!! Un besazo!!

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  2. Me ha encantado, ¡es realmente bueno! Un saludo, espero que te pases por mis humildes moradas :-)
    Shariel.

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    Respuestas
    1. Amy Lenda Shariel, me alegra que te haya gustado!! Muchas gracias por la lectura y por dejar tu comentario. Ya me he pasado por tu blog, escritora! Mucha suerte en tu aventura bloguera :)

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