El Hombre de Negro



 
“Si el tiempo real y el de los sueños coincidieran, cabría la posibilidad de que se encontrara conmigo un poco más allá, antes de llegar a las últimas rocas […]”
Carmen Martín Gaite. "El cuarto de atrás" 
Yo, mientras escribía El cuarto de atrás, "vi" al hombre de negro.
Carmen Martín Gaite.



EL HOMBRE DE NEGRO


La primera vez que dudé de él fue en un mercadillo. Era un domingo soleado y frío. Yo miraba unas pulseras de cuero:

—Son bonitas, ¿qué te parecen?

Él no me respondió.

Me giré buscándolo. No estaba.

La dueña del tenderete me miró extrañada y se lo expliqué:

—Estaba hablando con mi novio, que hace un momento estaba aquí.

Y acompañé la explicación de una risa desganada. No sé por qué.

Las pulseras me gustaron mucho pero no las compré. Y tampoco sé por qué…

—¿No las has comprado?

Él me lanzó la pregunta de pronto y por la espalda; lo recuerdo bien. Y me sobresaltó.

—¿Dónde estabas?

—Aquí.

—Pues no te veía

—Pues estoy aquí.

La segunda vez que dudé de él fue a la puerta del supermercado. Nos íbamos a casa. Juro que él llevaba un kilo de naranjas, otro de kiwis, un abrigo negro y pantalones oscuros.

Nos encontramos con Vero. Preguntó como estaba yo y mi familia y qué tal nos iba a él y a mí. Yo me reí. Vero se alegró de que estuviera contenta y dijo que a ver cuándo se lo presentaba.

—¡Es verdad, que todavía no os he presentado!

Me volví hacia él. Y no estaba.

—No me lo explico, Vero. ¿Dónde se ha metido este hombre…? Pero si hace un momento estaba aquí… ¿No lo has visto? Con abrigo negro y pantalones oscuros…

—No. Y ya me extraña no haberme fijado, tan guapo como dices que es...

Vero reía.

Yo también. Pero sin ganas…

Vero miraba alrededor buscando al hombre del abrigo negro y los pantalones oscuros.

Me despedí de Vero y doblé la esquina de nuestra calle.

Él ya estaba en casa. Y juro que también las naranjas y los kiwis y el abrigo negro en el perchero.

—¿Dónde estabas?

Me lo preguntó con una punta de enfado.

—Me encontré con Vero. ¿Dónde estabas tú?

Se lo pregunté con otra punta de enfado.

—Pues aquí. ¿Y quién es Vero?

La tercera vez que dudé de él yo estaba sentada en una esquina del sofá. Sin ganas de ponerme de pie ni de apoyarme en el respaldo, con el pijama todavía puesto y sin desayunar a la hora de comer.

A veces me pongo así. Cuando los días amanecen pequeños, obligatorios, viciados y tan aterradores que me atrevo a dar un paso sólo para regar el cactus.

Pobre cactus…

Recuerdo que me quité una lágrima de la cara con la manga del pijama, y que el lado muerto del cactus parecía mirarme y decir: “Yo estoy aquí atrapado en una maceta de plástico encharcada, ¿cual es tu excusa?”

Oí en la escalera el ruido de las llaves de él.

Me levanté, cogí el vaso de agua de la mesa y me puse a regar el cactus para dar impresión de que hacía algo... Pobre cactus…

Pero no era él. Llevaba sus llaves, su abrigo, sus pantalones y una bolsa de fruta del supermercado. Pero no era él.

Y me asusté.

¿Cómo no iba a asustarme?

Debí de gritar pidiendo auxilio porque bajó la vecina de arriba.

Y lo siguiente que recuerdo es la ambulancia, el hospital, que me clavaron una inyección sin mi consentimiento y que mis tristezas y preocupaciones se me fueron desprendiendo del estómago, de los huesos de la cabeza, de la columna vertebral y se fueron volviendo incorpóreas, fantasmales, indoloras…

Vinieron a verme mis padres, mis hermanos, Vero y las demás.

Estoy loca.

Mis padres, mis hermanos, Vero y las demás dicen que no. Que la imaginación me ha jugado una mala pasada…

Voy a una psiquiatra. Dos veces al mes.

Él no existe; yo creía que sí pero mi psiquiatra, que es muy inteligente, dice que no.

—¿Pero cómo no va a ser real? Te juro que él cargaba siempre con las bolsas de la compra que pesaban más. ¡Cómo va a cargar con las bolsas de la compra una alucinación!…

Cuando me pongo en este plan, la psiquiatra siempre me mira con benevolencia y –me parece- también con algo de simpatía.

—Y si tu novio existe y es de verdad, ¿por qué no ha venido a verte ni un día al hospital? ¿Por qué no está aquí ahora ayudándote?

Y yo me quedo sin palabras, sin argumentos, sin ilusión. Sin dudas…

Copyright: Laura Mª Rivas Arranz
Todos los derechos reservados
Fotografía: gabana (morguefile.com)



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Comentarios

  1. Uff, bien podría contestarle a la psiquiatra que hay novios (y no sólo novios) que nunca están cuando se les necesita, así que casi mejor que desaparezcan.

    Y ahora en serio, me ha gustado mucho, y especialmente estas dos frases:

    "Cuando los días amanecen pequeños, obligatorios, viciados y tan aterradores que me atrevo a dar un paso sólo para regar el cactus."

    "mis tristezas y preocupaciones se me fueron desprendiendo del estómago, de los huesos de la cabeza, de la columna vertebral y se fueron volviendo incorpóreas, fantasmales, indoloras…"

    Ya sabes que me encanta rescatar frases y contigo tengo un filón. Besos!! :)

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    1. Pues sí, El pájaro verde. Siempre hay novios y no novios, gente que parece que está presente sólo cuando les interesa... Las frases que has destacado también son mis favoritas. ¡Un beso grande! y gracias por leer y por comentar

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  2. Y cuando se te van los argumentos y la ilusión... qué te queda? Siempre logras conmoverme, Laura. Este relato de hoy es devastador, como la no deseada soledad o el tedio más profundo, o la desesperanza o... Brillante, como siempre, Laura!!
    Besines,

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    1. Buena pregunta, Carmen. Cuando se te agotan los argumentos y la ilusión sólo queda la realidad. O lo gris de la realidad Pero a lo mejor hay que pensar también que un poco de ilusión, ficción es también realidad, no? Bueno no sé... ¡¡Me alegra que te haya gustado!! Besazo

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  3. Muy buen relato, siempre nos dejas a nuestra imaginación para que haga cábalas. Suspense, realidad y fantasía, para pensar. Besos.

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    1. Hola, Pilar!! Muchas gracias, me alegra que te haya gustado. Gracias por leerlo, por la visita y por dejar tu comentario ¡Besos!

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  4. Me ha gustado muchísimo este cuento. Muy imaginativo y bien escrito.Vine a él porque primero me encantó un poema que acabo de leerte (Rosa Berros lo compartió en Google+) y sentí curiosidad por saber si había más cosas. Y por lo que veo, hay. Y buenas. Seguiré investigando, porque ya tienes una seguidora. Un saludo.

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