Vera y Joel

 
Vera y Joel


VERA Y JOEL

© Laura Mª Rivas Arranz




Vamos a describir, quiero decir a escribir, la historia de Vera y Joel.

Podríamos detenernos a precisar si Vera es rubia y Joel pelirrojo; o a averiguar cuánto miden o si tienen los ojos de colores contradictorios; como el azul con el verde que muerde… Pero no vamos a hacerlo porque eso sería una descripción, las descripciones las carga el diablo de excesos literarios y los excesos literarios son material sensible altamente explosivo. Y no queremos que la historia de Vera y Joel nos explote en la cara. O al menos no a escasos renglones del comienzo…

Vera y Joel se quieren.

No. Esa frase no es buena.

Vera y Joel se enfadarían si vieran que su relación se resume en un cotidiano “se quieren”. Así que vamos a por otro verbo más espectacular.

Vera y Joel se aman.

Se aman desde el día que Joel estaba perdido en una ciudad desconocida, y al doblar una esquina algo sombría y extraña tropezó con Vera y le preguntó por una calle.

Aunque Joel diría que todo empezó mucho antes de la esquina extraña y sombría. Diría que se aman desde antes de conocerse; a Joel le va el romanticismo medio mágico con derivaciones ocultistas…

Vera, que no cree ni en predestinaciones ni en premoniciones ni en presentimientos ni en prehistorias maravillosas, diría que todo empezó cuando ella y Joel tropezaron, y él le preguntó por una calle.

Vera se la indicó con una sonrisa. Y como Joel no entendía nada, lo acompañó. Y desde entonces han andado juntos más de seis años.

Hoy, Vera y Joel no están teniendo un buen día.

Habían planificado con antelación hasta el último minuto de hoy para que todo fuera perfecto. Pero los planes no están saliendo bien…

Las cosas han empezado a torcerse en lo alto de la torre de la Catedral. Habían acordado subir de nuevo, porque la primera vez que pagaron la entrada y treparon por las escaleras de caracol les sorprendió un día radiante. A los dos les parecía bien revivirlo hoy.

Se han hecho fotos, se han reído, y han vuelto a contemplar la vista casi aérea de la ciudad. Pero Vera no ha podido ahuyentar del todo una sensación áspera dentro de los pulmones, y Joel por más que ha pisado las mismas piedras y se ha asomado por las mismas barandas, no ha podido encontrar la alegría brillante de aquel día.

El viento del Norte les ha revuelto el pelo a la vez, pero no han tenido el reflejo de combatir juntos la ráfaga de frío. Cuando Vera se ha quejado entre risas del aire helado, y se ha metido casi dentro del abrigo de Joel, el frío ya había pasado. Joel la ha abrazado, se ha apuntado con ganas a las risas de Vera, pero le ha parecido que se movían a destiempo.

Joel ha puesto luego mucho empeño en comunicarse con Vera sin palabras. Pero Vera nació sin aptitudes telepáticas. También Joel.

Han bajado de la torre.

La comida tampoco ha salido como esperaban. Joel ha echado en falta más brillo en los ojos de Vera, más claridad en torno a los dos, y algo de luz latiéndole por dentro a él. Vera ha echado de menos a Joel.

Han querido pasear un poco por el parque, pero una manifestación les ha cortado el paso por la avenida.

Vera y Joel han tenido que cambiar de camino para llegar con tiempo a la estación.

Joel se va. Dos semanas. A casa de sus padres. Un asunto familiar.

Vera todavía dice adiós con la mano, cuando la ventanilla de Joel deja de ser un punto y lo absorbe por completo el tren. Se guarda la mano en el bolsillo cuando el tren ya sólo es un tubo que va desapareciendo en la curva.

Vera y Joel no van a volver a verse nunca más.

Pero ellos no lo saben todavía.

Vera llegará a casa. Joel también llegará a la de sus padres. Se mandarán correos electrónicos, mensajes al móvil, pero Joel no tendrá ánimo de comprar el billete de vuelta, y a Vera le faltará el ánimo de ir a buscar a Joel.

Y no se verán más.

Pero ellos todavía no lo saben.

Fin.

No nos ha salido bien la historia de Vera y Joel; es verdad. Con las historias, a veces, estas cosas pasan…

© Laura Mª Rivas Arranz
Todos los derechos reservados

Foto de portada: businessplans (morguefile.com)

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Comentarios

  1. ¡¡Muchas gracias!! Me alegra mucho que te haya gustado. Gracias por pasarte por aquí y por comentar! ¡Saludos! :)

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  2. Ay, ay. vida... la vida misma.
    Gracias Laura.

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    Respuestas
    1. Gracias a ti, Xavi! Por leer y por dejar tu comentario!

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  3. Ay, si es que nunca se debe volver a los lugares donde se ha sido feliz. Los momentos mágicos no se pueden repetir, lo que hay que hacer es buscar otros nuevos. Supongo que Vera y Joel todavía no lo saben. Como bien dices, a veces estas cosas pasan.
    Sencillo (en apariencia, como siempre) y me ha gustado (también como siempre)
    Besos!!

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    Respuestas
    1. El Pájaro verde, tienes razón. Siempre hay que buscar lo nuevo. Tratar de revivir el pasado es una trampa. Muchas gracias por la lectura y por comentar. ¡un besazo!

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